La inolvidable batalla de Pensacola: eran pocos, pero tenían mucha decisión
En el difícil siglo XVIII español, las fronteras estaban demasiado sobreexpandidas. La batalla de Pensacola fue el último esfuerzo español por reconquistar las Floridas de manos de los ingleses
Granaderos españoles y el batallón de La Habana entran en Fort George.
Están las personas que hacen que las cosas pasen, los que ven las cosas pasar, y los que no saben lo que está pasando.
–Proverbio anónimo
La intervención española en la Guerra de la Independencia norteamericana fue decisiva para la emancipación de las colonias alzadas, aunque a la luz de los posteriores comportamientos de esta nación para con la nuestra, pudiera ser que hubieran sido asaltados por un extraño episodio de amnesia, pues su conducta para con una nación –la española–, cuyo apoyo en su alumbramiento a la historia fue crucial, no ha hecho nunca honor a la palabra agradecimiento.
Esta intervención de España elevaría la crudeza de la Guerra de Independencia contra los ingleses a unos niveles insoportables, haciendo insostenible su presencia en el continente.
La guerra es fea. La guerra es la madre de la carta blanca. La guerra destierra los principios ante la abrumadora presencia de la impunidad, y la certeza de que el castigo nunca llegara por vía divina, si no humana. Se puede matar legalmente en nombre del todo vale. No hay excusa que sea indulgente con los actos de los hombres en la guerra, más allá del miedo atroz al adversario y en muchas ocasiones, al propio mando. Es un escenario de barbarie donde la compasión tiende a brillar por su ausencia. Huérfanos, viudas, violaciones de la intimidad más profunda, mutaciones rotundas y radicales en la percepción de la engañosa realidad, ausencia de un Dios digno de tal nombre, llantos por doquier, la tempestad del horror y los odios extremos, hacen de la guerra el único escenario posible en el que se puede localizar el infierno, y no en lejanas latitudes u otros inciertos lugares.
Al otro lado del Atlántico, un hombre de una pieza, Bernardo de Gálvez, aunaba talento y optimismo ante retos enormes
Pero lo más terrible de la guerra es que no suele obedecer a factores fortuitos como idea general; siempre está programada al detalle. Es un teatro con una tramoya muy sorprendente si fuéramos capaces de descorrer los velos anestésicos de nuestra estulticia.
En el difícil siglo XVIII español, las fronteras de aquel fabuloso imperio estaban demasiado sobreexpandidas y la elongación de las líneas de comunicación y abastecimiento eran en ocasiones encajes de orfebrería que oscilaban entre la necesidad de evitar la engorrosa piratería y la indispensable y pantagruélica voracidad de las arcas de la metrópoli.
Al otro lado del Atlántico, un hombre de una pieza aunaba talento y optimismo ante retos enormes. Esto era una teoría clave en el particular abecedario del militar español Bernardo de Gálvez en sus expeditivas actuaciones en el sureste de lo que hoy es la Norteamérica anglosajona y que en su tiempo España llegaría a ocupar en más de la mitad de su actual territorio continental, en lo que antaño fueron parte de sus extensos dominios, y que si trazáramos una línea imaginaria sobre ellos, nos dejaría más que descolocados. Casi la mitad exacta de los actuales EE.UU fueron abarcados, hollados, peleados y colonizados por peninsulares de una talla inusual enfrentando retos colosales. Recordemos, sin ir más lejos, la odisea de Cabeza de Vaca.
Nunca tantos debieron tanto a tan pocos, ha quedado en el imaginario público como una frase del ilustre y controvertido líder político inglés, Winston Churchill. Más, cualquier español de la época (siglo XVIII) y de hoy, podría suscribir perfectamente esta famosa frase en relación con el protagonismo de un puñado de hombres y los hechos acontecidos en un remoto lugar de lo que bastantes años después sería otro poderoso imperio.
Una posición delicada en la Historia
En aquella época, y para variar, los ingleses andaban ramoneando por aquellas latitudes mientras jugaban al despiste, hasta que dieron con la horma de su zapato.
Para situarnos en un contexto, deberíamos remontarnos a la Guerra de los Siete Años (1756-1763), ganada por el Reino Unido a Francia y España. Tras esa guerra, la España de Carlos IIIy la Francia de Luis XV, y poco después, de Luis XVI, aguardaban con heridas aún sin cicatrizar, ojo avizor una oportunidad para devolver el golpe a Inglaterra.
La sublevación de las Trece Colonias hacia 1775 en lo que se ha dado en llamar la guerra de la independencia norteamericana; que veían cómo sus cargas impositivas, aumentaban y aumentaban sin cesar, colmaría su paciencia tras el nuevo impuesto del té que daría origen a un motín en Boston que cambiaría la historia, pariendo uno de los imperios más potentes conocidos hasta la fecha.
España ayudaría económicamente a los rebeldes norteamericanos desde sus primeros balbuceos. Esta práctica de "mover la cuna" mirando para otro lado, era algo normal entre naciones adversarias que deseaban erosionar a otras sutilmente, alejarlas o disuadirlas de pretensiones incompatibles con los propios intereses, entiéndase, del plato propio.
El 28 de febrero de 1781 salía de La Habana la expedición española con 36 buques de guerra y más de tres mil infantes de marina
Pero España tenía un dilema; su enorme imperio empezaba a acusar los embates de la vejez y obsolescencia a la vez. La pregunta era: ¿debía de intervenir militarmente, o por el contrario mantenerse al margen? Comparativamente, la Francia de Luis XVI acuciada por las solicitudes de intervención de Benjamín Franklin e impelida por un rencor sanguíneo, vería una oportunidad de barrer del mapa a su archienemiga del otro lado del canal, y actuó en consecuencia.
Carlos III entendía que España se encontraba en una posición más delicada. Las tesis delConde de Floridablanca, que abogaban por la neutralidad so pena de desencadenar un efecto dominó de reivindicaciones en las colonias españolas eran reflexiones más que sesudas puestas en valor a la luz de un razonamiento estratégico. Su contraparte, el Conde de Aranda, embajador de España en París, veía una oportunidad de oro si apoyaban a las Trece Colonias. También es cierto que el monarca francés era afamado por atacar copiosamente los paladares del cuerpo diplomático con los excelentes vinos de sus reputadas bodegas, lo cual actuaba de manera muy persuasiva cuando las inhibiciones quedaban algo desarboladas por el convencimiento de los caldos locales. El caso es que la cosa estaba indecisa y el tiempo apremiaba.
Finalmente se impusieron las tesis del Conde de Aranda y hacia 1779 España declararía la guerra a Gran Bretaña. Inglaterra se vería obligada a multiplicarse y tanto frente le acabaría dando la puntilla. Por un lado en aquella guerra que era más marítima que otra cosa –el océano Atlántico era un trasiego de naves con vituallas y logística para alimentar los frentes–, el Reino Unido aportaba al esfuerzo de guerra cerca de 120 navíos y 100 fragatas, por el otro lado, Francia con 60 navíos y 60 fragatas seguía siendo de temer, España, atada a una miríada de islas y enormes superficies continentales, “solo” aportaría 60 navíos y 30 fragatas.
La inolvidable batalla de Pensacola: eran pocos, pero tenían mucha decisión
No hay que olvidar que en el contexto de la Guerra anglo-española (1779-1783) coincidente con la de Independencia Norteamericana (1775-1783) y partiendo de la información proporcionada en una actuación brillante por los servicios de inteligencia españoles, una flota combinada hispano-francesa dirigida por el almirante Don Luis de Córdova, consiguió apresar sesenta naves inglesas que se dirigían en ayuda de sus destacamentos continentales un 9 de agosto del año 1780 causando el mayor desastre logístico jamás infligido por potencia alguna a este país hasta esa fecha y probablemente, en toda su historia naval, incluyendo las sufridas por el convoy PQ 17, perdido frente a fuerzas alemanas, durante la Segunda Guerra Mundial.
En aquel entonces, el 1.000.000 de libras esterlinas en lingotes y monedas de oro que pasaron a manos españolas, provocarían fuertes pérdidas en la Bolsa de Londres, poniéndola Gran Bretaña al borde de la quiebra técnica.
Pero poco antes y en el marco de esta atroz guerra, Bernardo de Gálvez, que en 1776 estaba destinado en la plaza de Lousiana decide librar contra el Inglés una batalla a muerte.
Cuando llegó el momento clave
Su objetivo era recuperar Pensacola, pero antes caerían las posesiones británicas de Baton Rouge –en la desembocadura del río Mississipi– y Mobile en Alabama (1779). El círculo se estrechaba así en torno al último reducto en manos de los “casacas rojas”, tal que era la capital de Florida. No obstante, el acceso al estrecho con su escasa profundidad impedía acometer tamaña empresa.
El jefe de cartógrafos destacaría sobre esta operación lo inverosímil de su elaborada complejidad. El 28 de febrero de 1781 salía de La Habana la expedición española con 36 buques de guerra y más de tres mil infantes de marina. Por tierra otras tropas españolas a las que se añadiría más tarde un nutrido destacamento francés, esperaban el desembarco para sellar cualquier posibilidad de escape desde la plaza de Pensacola. La apertura de un frente en el flanco sur sería crucial para la victoria de los independentistas.
Una estrategia de avalancha sin concesiones trituró a los sorprendidos ingleses que se las prometían felices tras una larga y cómoda estancia
Pero para cuando llego el momento clave del asalto, las discrepancias con José Calvo al mando de la escuadra, comprensibles por otra parte, habida cuenta de la monumental tormenta tropical que se avecinaba, crearon momentos de tensión y fisuras de difícil encaje. Como bien argumentaba este marino, se negaba en rotundo a atravesar el estrecho, habida cuenta de que al factor anterior había que añadir el hecho de que había una batería situada en el fuerte de las Barrancas Coloradas que seguía activa y podía causar problemas serios a la flota. Ergo, en consecuencia se largó.
Finalmente el tema se resolvió con la marcha de Calvo que entendía haber cumplido con sus obligaciones al trasladar a la tropa desde Cuba, pero la inmensa mayoría de la flota se puso del lado de Gálvez. Había ganas de aplicarles un correctivo a los anglos.
Tras el ataque inicial que a título personal y con poco más de un centenar de hombres llevaría Gálvez de forma muy comprometida para él y su tropa, una fuerza terrestre española tomó posiciones para asediar Pensacola. Pero esos no serían los únicos refuerzos que recibiría Gálvez. En ese mes llegaría una nueva escuadra de navíos, comandados por José Solano y Bote que acudían a socorrer a Gálvez. Con esta flota eran cerca de 8.000 los hombres preparados para iniciar el asalto contra de los 3.000 ingleses. Además, en un golpe de fortuna, los asaltantes también se les unirían cuatro fragatas francesas con casi 800 soldados.
La tormenta imperfecta
Tras entrar en la bahía, todo dependía en adelante de las fuerzas terrestres comandadas por José de Ezpeleta. Este tenía órdenes de tomar los tres fuertes que defendían Pensacola, y así actuó en consecuencia. El de la «Media Luna», el del «Sombrero» y el del «Rey Jorge», cayeron como piezas de dominó. Una estrategia de avalancha sin concesiones, trituró a los sorprendidos ingleses que se las prometían felices tras una larga y cómoda estancia. Ezpeleta y Galvez, les devolvieron a la realidad. Poca resistencia ofrecieron los rubicundos británicos, estaban muy apoltronados en su dolce far niente.
En menos de diez días Pensacola se rindió a los españoles.
La infantería de marina española (la más antigua del mundo), en el siglo XVIII, en el Siglo de la Luces, en aquel momento de la historia tan intenso y luchado por nuestra nación, escribió una página inolvidable digna de recordar.
Entre tropa, oficiales y civiles ingleses, más de seis mil prisioneros fueron capturados y aunque en los asaltos iniciales y los cuerpo a cuerpo inevitables hubo excesos de “calentamiento”, el trato dado a los británicos se puede calificar de impecable.
La importancia de la Batalla de Pensacola estriba en el apuntalamiento directo y decisivo en el proceso de independencia de EEUU. Fue una batalla clave que desvió ingentes recursos ingleses, que a la postre los dejaron exhaustos.
El modus operandi de Bernardo de Gálvez era muy simple: ante acontecimientos adversos, actitudes de altura
Nuestro pasado está repleto de hechos gloriosos de los que debemos sentirnos orgullosos como españoles y que deben ser rescatados del «baúl de los recuerdos» dado que constituyen un excelente ejemplo de valores eternos en tiempos duros como los que habitamos.
Aquellos hombres en un contexto lejano, con el único amparo de su convicción, cambiaron el curso de la historia endosándole una severa derrota al entonces hegemon .
El modus operandi de Bernardo de Gálvez era muy simple; ante acontecimientos adversos, actitudes de altura. Para sacar a nuestro país de este trance, podríamos aplicarnos esa regla:¿A qué esperamos?
A Joaquin Rodrigo, el famoso compositor ciego, autor del celebrado Concierto de Aranjuez, le preguntaron en una ocasión que era peor que nacer ciego , y el respondió; nacer con vista pero sin visión.
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La inolvidable batalla de Pensacola: eran pocos, pero tenían mucha decisión
La batalla de Pensacola (o de Panzacola), librada en Pensacola (actualmente en EE. UU.), marcó la culminación del esfuerzo de España por reconquistar las ...
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Nota : pongo estos tres refranes para que el lector tenga cuidado con lo que lee. Es muy facil manipular a la gente, todo el cuidado es poco. Hay que CUESTIONARSE lo que se lee, CONTRASTARLO y luego CADA UNO DEBE LLEGAR A SUS PROPIAS CONCLUSIONES.
** Soy un EMPRESARIO JUBILADO que me limito al ARCHIVO de lo que me voy encontrando "EN LA NUBE" y me parece interesante. **
** Lo intento hacer de una forma ordenada/organizada mediante los blogs gratuitos de Blogger. **
** Utilizo el sistema COPIAR/PEGAR, luego lo archivo. ( Solo lo INTERESANTE, según mi criterio). **
** Tengo una serie de familiares/ amigos/ conocidos (yo le llamo "LA PEÑA") que me animan a que se los archive para leerlo ellos después. **
** Los artículos que COPIO Y PEGO EN MI ARCHIVO o RECOPILACIÓN (cada uno que le llame como quiera), contienen opiniones con las que yo puedo o no, estar de acuerdo. **
** Si te ha gustado la publicacion, lo mejor que debes hacer es ir al blog/pagina del autor y DEJAR UN COMENTARIO. En mi blog no puedes dejar comentarios, pero si en el del autor. **
** Cuando incorporo MI OPINIÓN, la identifico CLARAMENTE, con la única pretensión de DIFERENCIARLA del articulo original. **
** Pido perdon por MIS limitaciones literarias. El hacerlo mejor (no mucho) me cuesta dedicarle MAS TIEMPO, y la verdad es que (ademas de no tener tiempo) tengo poca paciencia, por ello, y nuevamente, pido disculpas por las susodichas limitaciones. **
** Mi correo electrónico es vredondof (arroba) gmail.com por si quieres que publique algo o hacer algún comentario. **
** Por favor! Si te ha molestado el que yo haya publicado algún artículo o fotografía tuya, ponte en contacto conmigo (vredondof - arroba - gmail.com ) para solucionarlo o retirarlo. **
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-- Publicado por cc.co2.vrf para H2B el 4/05/2015 06:00:00 a. m.
En 2014, nuestro sector exteriorrestó crecimiento a la economía, cuando había sido el motor de crecimiento desde 2008 hasta 2013. Las exportacioneshan pinchado, tras varios años creciendo mucho, y las importaciones crecen más, al despertar el consumo interno. Con ello, España ha aumentado su déficit comercial, el segundo mayor de la zona euro (tras Francia). Y como hay que tapar este agujero comercial, hemos tenido que endeudarnos más con el exterior. Ya tenemos una deuda externa (pública y privada) de 1,7 billones de euros, el161,7% del PIB, la mayor del mundo, lo que nos hace muy vulnerablesa los mercados e inversores extranjeros. Con el inicio de la recuperación, vuelve el viejo problema de España: cuando crecemos, compramos fuera más de lo que vendemos, tenemos déficit y eso nos obliga a endeudarnos más para taparlo. La solución es cambiar nuestro modelo de crecimiento, ser más competitivos, para exportar más e importar menos. Algo nada fácil.
2014 ha sido el primer año, desde 2007, en el que el sector exterior (exportaciones e importaciones) no “tira” de la economía: su aportación al crecimiento (PIB) ha sido negativa (-0,8%), ha restado al crecimiento final de la economía (+1,4%), cuyos motores han sido el consumo interno (+2%) y la inversión (+0,2%). Desde 2008 hasta 2013, el sector exterior ha contribuido positivamente al crecimiento de la economía (entre el +1,5% y el +2,2%), evitando que la recesión fuera mayor, que el PIB y el empleo cayeran más durante la crisis. Pero ahora ya no nos ayuda y todavía este año 2015 restará crecimiento (quitará un -0,3%% al PIB) y en 2016 será neutro (+0%), según las últimas previsiones de la Comisión Europea.
¿Qué ha pasado? Pues dos cosas: que las exportacioneshan pinchado y las importacionescrecen más. Empecemos por las exportaciones. Han sido la válvula de escape de las empresas en esta crisis: como no vendían dentro, han tratado de mantener el negocio vendiendo más fuera, bajando precios gracias aldesplome de los salarios. Pero ganar mercados año tras año no es fácil, máxime cuando todos los países están en lo mismo y cuando nuestros principales compradores, Europa (70% exportaciones), llevan los dos últimos años estancados, sin apenas crecer. Y aunque la caída del euro (-18,7% frente al dólar en el último año) debía habernos ayudado, sólo beneficia a la mitad de nuestras exportaciones, las que van fuera de la zona euro. Con todo ello, las exportaciones españolas han crecido en 2014 sólo un 2,5%, frente al 4,3% de 2013 y al fuerte tirón de 2011(+16,8%) y 2012 (+15,2%).
Vayamos a las importaciones. Mientras España pasaba lo peor de la recesión (2012 y 2013), el consumo interno estaba por los suelos y se compraba poco,dentro y fuera. Pero en 2014, la baja inflación y la mejora del empleo (escaso y precario) han reanimado un poco el consumo y con ello las compras de productos extranjeros, más coches que máquinas. Y aunque la bajada del petróleo(-46% desde los máximos de junio 2013) ha reducido la factura petrolera (menos de ese 46%, porque el barril se paga en dólares que cuestan un 18,7% más), ladepreciación del euro encarece la mitad de lo que importamos. Por todo ello, ha crecido la factura delas importaciones: un +5,7% en 2014, tras caer en 2012 (-2%) y 2013 (-2,2%).
Al final, como las importaciones son más y crecen más que las exportaciones, eldéficit comercial (import-export) ha aumentado, cerrando el año en -24.471millones de euros, un 53,4% más que en 2013. Un déficit comercial que esel segundo mayor de la zona euro, tras Francia (-67.500 millones hasta noviembre) y el tercero de Europa, tras Gran Bretaña (-121.100 millones de euros), superior al de Grecia (-18.900 euros) y Portugal (-9.600 euros). Un balance muy diferente al de otros países europeos, que venden fuera más de lo que compran y que por eso tienen superávit comercial: Italia (+37.100 millones), Irlanda (+32.200 millones), Bélgica (+13.600 millones), Holanda (+57.500 millones) y, sobre todo,Alemania (+201.800 millones), que crece y no tiene casi paro gracias a que nos inunda a todos con sus productos.
A este déficit comercial, España ha de sumar otro déficit, el que tenemos en labalanza de inversiones: las inversiones extranjeras en España ganan a las españolas fuera en más de un billón de euros. Dos déficits, dos agujeros, que no se pueden tapar con el superávit de los ingresos por turismo (aunque sean récord, como en 2014: unos 45.000 millones de euros). Y así, el balance final de España con el exterior, el déficit exterior, ha vuelto en 2014: -3.646 millones de euroshasta noviembre, según el Banco de España. Algo que es habitual, salvo en 2013, el primer año que no tuvimos déficit con el exterior desde 1.990.
La acumulación, año tras año, de déficits con el exterior, obliga a España a taparlos pidiendo créditos, con endeudamiento. Y así, la deuda externa de España (pública y privada) alcanzaba los 1,7 billones de euros en septiembre de 2014, según el Banco de España. Con ello, España tiene la mayor deuda externa del mundo tras EEUU (4,14 millones de euros), según el FMI. Pero si se compara con la riqueza del país, nuestradeuda externa es del 163% del PIB, la mayor del mundo (la deuda USA supone el 34% de su PIB). El problema de tener tanta deuda externa es doble. Por un lado, limita nuestra capacidad de crecimiento: hay que crecer para crear empleo y riqueza dentro y para devolver la deuda fuera. Y por otro, nos hace un país muy vulnerable, como han reiterado el FMI y la Comisión Europea: si los mercados se ponen nerviosos o si los tipos suben, tendremos que pagar más para devolver esta deuda.
En definitiva, que ha vuelto el viejo problema del déficit exterior, tras el espejismo de 2013, en que parecía que había desaparecido. Se trata de un problema estructural de España: en cuanto crecemos, se disparan las importaciones y la necesidad de ahorro e inversión extranjeros. Y nos suben el déficit comercial,el déficit exterior y la deuda externa. Es lo que pasó antes de la crisis ( en 2007, el déficit comercial fue de -200.000 millones de euros y el déficit exterior de -106.201 millones) y apunta de nuevo ahora: crecemos “tirando de tarjeta”,endeudándonos, porque consumimos más de lo que producimos. Y así, cuando apunta la recuperación, aparece de nuevo la espada de Damocles del déficit exterior, el síntoma de que España vuelvea crecer “mal”, a crédito.
Hay que cambiar el modelo de crecimiento. ¿Cómo? En una economía abierta, no se puede impedir ni frenar las importaciones ni el endeudamiento. La única salida es exportar más y ahorrar más dentro, para no depender tanto de la inversión exterior. Dos objetivos complicados. Fomentar el ahorro pasa por cambiar las políticas fiscales, que ahora lo penalizan, y mejorar salarios e impuestos.Ypotenciar las exportacioneses posible, porque aúntenemos margen para crecer, ya que exportamos la mitad que Italia (una economía similar) y menos porcentualmente que Bélgica y Holanda (economías menores).
El problema de nuestras exportaciones es que están muy concentradas, enpocas empresas (5.000 concentran el 86% de las ventas exteriores), encincosectores (automóviles, componentes de automoción, combustibles, acero y farmaquímica concentran un tercio exportaciones) y en cinco regiones (dos tercios de las exportaciones salen de Cataluña, Madrid, Andalucía, Valencia y País Vasco). Por eso, el reto es atraer a la exportación a un mayor número de empresas, sectores y regiones. Para conseguirlo, habría que poner en marcha un Plan de choque para la exportación, con distintas medidas: facilitar la financiación (faltan créditos y avales), aumentar las ayudas a la internacionalización de las empresas (fiscales, asesoramiento y formación, más oficinas en el exterior), fomentar lasfusiones de empresas (las grandes exportan el 80% del total), la tecnología e innovación y la industrialización.
Además, España tiene que afrontar dos grandes retos: diversificarlo que exporta y dónde lo vende. Por un lado, la mayoría de lo que exportamos sonproductos de tecnología baja (alimentos, ropa y calzado) y media (plásticos, metales y automóviles), mientras Alemania vende productos de alta tecnología(industriales), con más valor añadido (más precio) y que compiten no en precio (para eso están los países emergentes) sino en calidad, diseño e innovación (que aseguran ventas más estables). El ejemplo más claro de lo que nos pasa es el vino: somos el primer exportador del mundo, pero ingresamos un tercio que Francia, porque vendemos el vino casi cinco veces más barato. Por otro lado, estamos demasiado centrados en vender a Europa (69,8% de nuestras exportaciones) y falta mucho por hacer en Latinoamérica(5,8% exportaciones), Asia(9,5%) y África (6,8%), donde está el comercio futuro.
En definitiva, que frente a tanta propagandasobre lo mucho que crecemos, ahívuelve el viejo problema del déficit exterior para recordarnos que crecemos mal, a crédito, y que eso nos hace un país muy vulnerable frente al exterior, sobre todo en cuanto se inquieten los mercados o suban los tipos de interés. Por eso, no basta con crecer más (es urgente, dado el mucho paro que tenemos) sino quetenemos que crecer mejor, exportando más y con más ahorro interno. Hay quevolcarse en la exportación, “mimando” a las empresas para que vendan más fuera. Y para eso, el Gobierno tiene que fomentar una economía más competitiva, facilitando la fusión de empresas, la industrialización, la mejor organización del trabajo, la tecnología y la calidad, para que España pueda vender más no sólo tirando precios (a costa de los salarios). Hay que cambiar el modelo de crecimiento: vender fuera la mitad de lo que producimos (ahora exportamos el 34%), no crecer a costa de comprar fuera de España y endeudarnos. Sólo así saldremos de verdad de la crisis y aseguraremos un empleo estable para el futuro.
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Déficit comercial: vuelve el problema exterior
JAVIER GILSANZ
Soy un periodista económico que se inició en el periodismo en 1974 y que ha trabajado en periódicos, revistas, Internet, Comunicación corporativa y sobre todo en televisión: 11 años como jefe de Economía de los informativos de TVE (1985-1996) y tres años como jefe de Economía de Tele5 (1987-2000). Doctor en Periodismo, fue director del primer Master de Periodismo Económico en la Facultad de Periodismo de la Complutense y ha dado clase en numerosos Máster de Periodismo
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Nota : pongo estos tres refranes para que el lector tenga cuidado con lo que lee. Es muy facil manipular a la gente, todo el cuidado es poco. Hay que CUESTIONARSE lo que se lee, CONTRASTARLO y luego CADA UNO DEBE LLEGAR A SUS PROPIAS CONCLUSIONES.
** Soy un EMPRESARIO JUBILADO que me limito al ARCHIVO de lo que me voy encontrando "EN LA NUBE" y me parece interesante. **
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-- Publicado por cc.co2.vrf para FED el 4/04/2015 06:00:00 a. m.
Hemos abordado en diferentes ocasiones el tema de la caída de demanda de trabajo como causa de la entrada de la tecnología en el mundo productivo y como consecuencia de los cambios organizativos hacia una mayor eficiencia que tal entrada comporta, en esta línea ya he sugerido en innumerables ocasiones la lectura de ‘El fin del trabajo’ de Jeremy Rifkin (Paidós 1996), pero ahora, pienso, ya se ha dado un paso más.
La intervención de Bill Gates en Washington citada en el texto linkado, una de cuyos párrafos recojo y analizo en mi último libro ‘La Economía. Una Historia muy personal’, no sólo va en esa dirección, sino que profundiza en la misma dando un paso más allá y eliminando toda posibilidad de marcha atrás. Dijo Bill Gates:
“El software de sustitución, ya sea para conductores o camareros o enfermeras está progresando. (…) La tecnología con el tiempo reducirá la demanda de puestos de trabajo, especialmente para aquellas habilidades más sencillas y básicas. (...) Dentro de veinte años, la demanda de mano de obra para un montón de habilidades será sustancialmente menor. No creo que la gente tenga esto asumido”.
Es decir, ya no se trata de un robot que extraiga mineral o una máquina que conduzca un suburbano, estamos hablando de tecnología realizadora de tareas complejas o simples capaz de aprender por si misma; una tecnología realizadora de tareas complejas o simples porque la reducción del precio de dicha tecnología junto con su creciente sofisticación supone unas necesidades decrecientes de factor trabajo tanto cuantitativas como cualitativas.
Y sí, la automatización y el uso creciente de la tecnología supone profundizar en la desigualdad, porque la tecnología … ¡es capital!; y el capital tiende a concentrarse en el Sistema Capitalista –es una de sus leyes inexorables– lo que supone que los rendimientos de ese capital, sean rentas salariales o beneficios empresariales, tienden a concentrarse en los poseedores de la tecnología y en los pocos cerebros que intervengan en su diseño y perfeccionamiento: los insiders.
Y no: detener la evolución y la implementación tecnológica es im-po-si-ble, porque el humano siempre tiende a ir hacia adelante, y la tecnología no es el problema, al revés: resuelve muchas cosas; el problema reside en que se está produciendo un creciente excedente de población activa o susceptible de serlo, inocupable por ser innecesaria, con un problema añadido: no es necesaria pero consume recursos.
En resumen, la tecnología crea empleos, sí: poquísimos y de una cualificación portentosa, pero destruye un megamontón que se convierte en inempleable: crea 1.000 empleos y destruye 100.000. Por eso ese esencial una renta básica.
(Sobre lo de los imprevistos que un conductor puede encontrarse, la cosa tiene ‘fácil’ solución: que dejen de producirse tales imprevistos: con los vehículos del film ‘Minority Report’ (Steven Spielberg, 2002) no había imprevistos porque circulaban siguiendo una especie de raíles, al margen de que la evolución tecnológica posibilitará el progresivo aumento del trabajo a distancia, lo que redundará en la disminución de la necesidad de desplazamiento).
Santiago Niño-Becerra. Catedrático de Estructura Económica. IQS School of Management. Universidad Ramon Llull.
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